A veces necesitas que alguien te lleve con una cámara hasta el ayuntamiento de Pamplona para fijarte bien en él. Tal vez de otra forma no repararías en los materiales del edificio, en sus formas clásicas, en la historia de esta pieza arquitectónica. Sin una cámara quizá no vieses tan de cerca a las figuras protagonistas del nivel superior de la fachada. Puede que ni si quiera hubieses avanzado unos pasos más entrando hasta la segunda puerta, y, de esta forma, te hubieras perdido un espléndido contraluz.
La siguiente foto es una de las que más me gusta. Veo un edificio plagado de pequeños detalles y ornamentos. Con los órdenes de la arquitectura romana bien marcados, de abajo arriba dórico, jónico y corintio. Este clasicismo se convina ademas con elementos como los adornos de metal en los balcones, las figuras como los leones y escudos que evocan al medievo...En fin, veo en esta fachada una puerta a un mundo distinto, de ensueño y grandiosidad.
Nuestra mano amiga nos guía después, a través de calles estrechas, hacia el Museo de Navarra. ¿Lo ves allí al fondo? Al final de la esta calle, a la izquierda, se encuentra su entrada.
Llegamos por fin al museo, un lugar misterioso para mi, ya que nunca había estado. Me llaman la atención distintos objetos, obras y formas. Aquí os muestro algunas:
1. El mirador de Rivendel: No soy especial fan de 'El Señor de los Anillos', de hecho, creo que habré visto las películas dos veces máximo. Sin embargo, esos lejanos visionados bastan para traer a mi memoria aquel reino de los elfos, blanco y puro. Este es uno de los ventanales que encontramos en la terraza del museo. Ventanal puramente decorativo, con diversas formas partidas por un mismo patrón circular, recortado sobre un material fino y blanco como es el mármol.
2. El grito de Apolo: el siguiente busto me recuerda a la finura de la escultura clásica. Adoro las sombras creadas por la luz, que colorean el mármol reluciente de dos colores opuestos, el azul frío en las sombras, y el amarillo cálido en las luces. Además la imagen reclama un plano contra plano, propio del cine: primero un escorzo de "Apolo", que llama a su amada (en el otro extremo de la mesa), y después otro plano igual, pero al revés.
3. A la luz de las velas: de los dos cuadros principales este es el que más me gusta, y más concreta-mente este segmento del mismo. Me gusta el tratamiento de la luz, las sombras proyectadas, los colores, la atmósfera...Casi puedo sentir cierto calor por la vela que sujeto yo, en el interior de la capilla, y casi oigo la campana del monaguillo sonar con soltura. Este cuadro me transporta a ese momento, de introduce en el propio lugar de la acción, se crea un vínculo entre los personajes que se acercan y yo misma.
Finalmente, he de decir, que esta experiencia está yendo muy bien...Ahora solo queda escribirlo. ¿Por donde empiezo...? Ah, sí.
El Museo de la Univeridad de Navarra...
H.







