lunes, 24 de octubre de 2016

Regalos del tiempo




A veces necesitas que alguien te lleve con una cámara hasta el ayuntamiento de Pamplona para fijarte bien en él. Tal vez de otra forma no repararías en los materiales del edificio, en sus formas clásicas, en la historia de esta pieza arquitectónica. Sin una cámara quizá no vieses tan de cerca a las figuras protagonistas del nivel superior de la fachada. Puede que ni si quiera hubieses avanzado unos pasos más entrando hasta la segunda puerta, y, de esta forma, te hubieras perdido un espléndido contraluz. 



La siguiente foto es una de las que más me gusta. Veo un edificio plagado de pequeños detalles y ornamentos. Con los órdenes de la arquitectura romana bien marcados, de abajo arriba dórico, jónico y corintio. Este clasicismo se convina ademas con elementos como los adornos de metal en los balcones, las figuras como los leones y escudos que evocan al medievo...En fin, veo en esta fachada una puerta a un mundo distinto, de ensueño y grandiosidad.




Nuestra mano amiga nos guía después, a través de calles estrechas, hacia el Museo de Navarra. ¿Lo ves allí al fondo? Al final de la esta calle, a la izquierda, se encuentra su entrada.



Llegamos por fin al museo, un lugar misterioso para mi, ya que nunca había estado. Me llaman la atención distintos objetos, obras y formas. Aquí os muestro algunas:

1. El mirador de Rivendel: No soy especial fan de 'El Señor de los Anillos', de hecho, creo que habré visto las películas dos veces máximo. Sin embargo, esos lejanos visionados bastan para traer a mi memoria aquel reino de los elfos, blanco y puro. Este es uno de los ventanales que encontramos en la terraza del museo. Ventanal puramente decorativo, con diversas formas partidas por un mismo patrón circular, recortado sobre un material fino y blanco como es el mármol. 




2. El grito de Apolo: el siguiente busto me recuerda a la finura de la escultura clásica. Adoro las sombras creadas por la luz, que colorean el mármol reluciente de dos colores opuestos, el azul frío en las sombras, y el amarillo cálido en las luces. Además la imagen reclama un plano contra plano, propio del cine: primero un escorzo de "Apolo", que llama a su amada (en el otro extremo de la mesa), y después otro plano igual, pero al revés. 


3. A la luz de las velas: de los dos cuadros principales este es el que más me gusta, y más concreta-mente este segmento del mismo. Me gusta el tratamiento de la luz, las sombras proyectadas, los colores, la atmósfera...Casi puedo sentir cierto calor por la vela que sujeto yo, en el interior de la capilla, y casi oigo la campana del monaguillo sonar con soltura. Este cuadro me transporta a ese momento, de introduce en el propio lugar de la acción, se crea un vínculo entre los personajes que se acercan y yo misma. 



Finalmente, he de decir, que esta experiencia está yendo muy bien...Ahora solo queda escribirlo. ¿Por donde empiezo...? Ah, sí. 

El Museo de la Univeridad de Navarra...


H.

martes, 4 de octubre de 2016

CLIC



Citando a un buen amigo:


"La realidad está continuamente creando escenas que desaparecen para crear otras nuevas. ¿Qué hay de las maravillas que nacen y mueren sin que nadie las haya visto? Son olvidadas."


Tenía razón cuando me lo dijo. No hay nada más fugaz que el propio tiempo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos pasan por delante de nuestros ojos miles de instantes, insignificantes pero a la vez indispensables para el ciclo de la vida y su belleza. Las luz filtrada por la persiana al despertar, los arboles teñidos del amarillo del sol cuando amanece, las formas que dibuja el humo del cafe caliente... Son momentos a los que nos acostumbramos y que no ocupan el suficiente tiempo como para fijarnos en ellos.
Pero, ¿qué ocurre si observas la vida a través de un objetivo imaginario? Tus pupilas se dilatan esperando no perder ningún detalle, caminas despacio, examinando lo que te rodea y preguntándote cual será la siguiente maravilla que encontrarás. Y descubres que casi en cada minuto, en cada segundo, una obra de arte pasa delante de tus ojos.
Es entonces cuando decides luchar contra el tiempo. La fotografía es eso, una lucha contra la fugacidad del momento, capturar un instante e inmortalizarlo para siempre. Tiempo e imagen, dos polos opuestos se unen en un mismo término: una foto. Tengo delante un atardecer que se asoma entre árboles variados, al fondo colinas con un filtro violeta, sonido de pájaros y una brisa azotando la naturaleza con suavidad. Encuadro bien el momento y cierro y abro los ojos a la velocidad de obturación adecuada, convierto mis ojos en el objetivo de mi cámara. Casi oigo el clic de las cortinillas cerrándose. 
He capturado un ambiente perfecto, un instante en el tiempo, y ha quedado en mi memoria. 
Y me ha gustado.

H.